La bandera a cuadros y el sexo virtual
Me gusta el sexo, me gusta mucho. Es uno de aquellos placeres a los que
no me puedo rehusar. Delicia que irrumpe en mi mente, ataque mi cuerpo como
veneno de cascabel y toma posesión de mi hasta el éxtasis. Debo admitir que
nunca pensé en ti como una posibilidad ninfomaníaca, una delicia que dio
resultado a través de un monitor, kilómetros de distancia, como la prolongación
de mi erección que honraba tu nombre.
Ojos azules seduciendo mis sonrisas, primero incrédulas y luego cómplices,
tu tocando y yo mirando, dos convertidos en uno. Tu encima, yo de lado, yo
arriba, tu abajo, de adentro hacia afuera, castigando tu deseo una y otra vez,
sin parar, con paciencia, con pasión, con fuerza, con dedicación.
Bailes, movimientos, susurros sucios en mi oído, mordidas en tu cuello, vía
uno, vía dos, todo vale en la lujuria de los dos. Picnic en la historia de tu bandera,
cada cuadrito una posición, fiesta en tus pezones compactados con lo blanco de
tu piel, lo rojo de nuestra pasión. Hormigueo cerca de tu corazón, camino de
mis manos hacia tus destellos, impulsos del pudor que se perdió, la excitación nos
gano. Propiedad nuestra, sexo salvaje y merecido, calor de historias épicas contadas
por nuestras perversiones.
20% ángel y 80% demonio, clandestinidad
de un amor prohibido, a distancia, sin tapujos, sin pudor, con ganas de pecar,
sin remordimientos. Tus pechos cual montañas, perdiéndose en el clímax de mi
boca. Mis manos haciéndote mía, tu punición, mi gloria, tus ganas, mis exigencias,
tus fluidos, mi clímax. Historia repetida una y otra vez, tan cerca y tan
lejos.
Tu casi lista para terminar, implorando no parar el ritmo, susurros con
ritmo de clímax acariciando mis tiempos, acciones continuadas de un acto puro,
salvaje, animal. Duplicidad unificada en la pantalla que emana goce. Finalmente
exorcizados al final de nuestra danza carnal. Listos para mañana, una vez más,
directo al pecado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario