domingo, 24 de junio de 2012

La noche, la lluvia y el partido de Italia


La noche, la lluvia y el partido de Italia
La noche en Sidney ha llegado cargada, el verano esta yéndose y junto con él la marea de las buenas olas. Es tranquilo estar sentado frente al mar, el silencio de la paz, la mejor forma de no hablar es escuchar. Analizar el silencio muchas veces puede ser más complicado que entender a un gago. Mis maletas están casi listas, voy a echar de menos esta casa de playa, poder ver los atardeceres a diario no tiene precio,  las olas, la alegría, música de la buena y un día sin planes, que la vida me lleve, a donde quiera, solo ella sabe, yo no preciso saber.
El teléfono suena, es mi hermana y mi vuelta a la realidad, ella está en Londres, estresada para variar y con una lluvia a cuestas, intentando llegar al aeropuerto. Nunca he entendido porque se estresa siempre de mas, es como si tuviese una válvula de tensión que siempre anda en los descuentos, luego llegan los gritos, el drama, etc, bla, bla, bla, canción repetida, ya se me el final. Siempre ha sido así, desde niños, yo el ying, ella el yang, yo la paz y ella la tormenta. Creo que eso hace graciosa la vida. Beatriz es un huracán de emociones con una paz en los ojos que ya quisiera tener yo, son mis ojos favoritos, el azul del mar, muchas veces las respuestas de mi mundo. El abrazo que siempre quiero.
Es hora de partir, un último vistazo al apartamento, no tengo mucho tiempo para llegar al aeropuerto, es increíble como siempre voy en contra del reloj. “Maldita Nerea” en mi Ipod, todo listo, maletas, tabla de surf, todos listos, todos a bordo. Camino al aeropuerto me doy cuenta que no quiero ir, realmente estoy haciéndolo por ella, preferiría mil veces quedarme en Sidney para ver un amanecer mas, pero no puedo dejarla sola. No en un momento así. En el camino el taxista hace conversación, yo acepto y sigo, el comienza hablar de futbol, una conversación a la que yo siempre huyo, adoro el futbol pero la gente no lo entiendo como yo. El pregunta hacia donde voy, Roma respondo, pregunta para que, y antes de dar las respuestas completas interrumpe para hablar de la selección italiana, ya que mi estimado amigo cree que es una seria favorita para ganar el mundial del 2014. Yo guardo silencio, no quiero ser grosero y reírme de él. Prefiero seguir escuchando el crimen futbolístico que relata, y en ese momento entiendo porque no quiero ir para Roma, porque justamente es lo mismo que voy a escuchar durante la semana que probablemente pase por allá. No hay belleza de una italiana que valga el suplicio de tener que escuchar que los italianos re- inventaron el futbol. Pero decirle que no a Beatriz es algo que durante 28 años no he podido hacer, basta que me mire y estoy hecho, no puedo, ni podre.
Antes de subir al avión recibo su última llamada, está un poco más tranquila ya está dentro del avión, debe estar en Roma en unas horas, me comenta que ya confirmo la reservación del hotel y todos los por menores que según ella estaban sin confirmar. Es una maniática pienso, mando un beso para ella y le digo que nos encontramos en Roma.
El vuelo fue tranquilo, no me gusta volar, pero es algo a lo que me he tenido que acostumbrar, ser actor no es algo de un solo país, tienes una insignia “internacional” y muchas veces juegas para el país de los trotamundos, en mi caso esa es mi selección. Ya en Roma, el abrazo es intenso, Beatriz está más tranquila, mi hermana es bailarina, esta es la primera vez que participa en una obra en Italia, está demasiado ansiosa. Yo insisto que debe relajarse cuando ella se relaja y se deja llevar logra su estado más puro. Llegamos al hotel, todo estaba listo, todo estaba hecho como ella quería, eso era bueno, ella era feliz, entonces era bueno.
La mañana siguiente era la primera función. Despertar temprano no era mi actividad favorita, pero si se trataba de Beatriz valía el sacrificio y más. Mi hermana era un manojo de nervios durante todo el día, no era muy simpática cuando estaba así, yo me mantenía cerca y con la mente lejos.
Al final de la noche en Roma todo salió dentro de lo esperado, un éxito, la actuación de mi hermana seria seguramente reconocida en el periódico del lunes. Flores y elogios para ella y sus colegas, belleza en su más grande expresión. Todo bien hasta que un periodista peco de ingenuo, es increíble como una pregunta puede muchas veces cambiar el fluir de una dia.
-          Señorita Fernández, sabemos que usted gusta también de futbol. ¿Queríamos saber que pensaba del triunfo italiano sobre Inglaterra?
-          Yo la verdad gusto pero no lo entiendo a la perfección. Pero mi hermano es un fanático de aquellos, si quiere puede preguntarle qué es lo que piensa.
Yo salí de mi adormecimiento como de golpe, mire a mi hermana como dejando en claro que ella me había colocado en una situación muy complicada, porque yo no acostumbraba a ser condescendiente y no gustaba del futbol que practicaba Italia. Era tarde cuando ella quiso arreglar la situación, el periodista ya había lanzado la pregunta…
No recuerdo todo lo que dije, después de que Beatriz se molesto conmigo, mejor era olvidarme y no toca más el tema. La mañana siguiente leía un artículo en el periódico local de Roma mientras desayunaba. Un artículo en la sección deportiva llamo mi atención. “Bailarina Beatriz Fernández, danza en contra de la azurra”. Fue en ese momento que recordé mi discurso, la intervención de mi hermana para salvar mis declaraciones y mi sentencia final: “Italia no tiene como ganarle a Alemania”. Logre que Beatriz no leyese el periódico esa mañana, no quería que se sintiese mal por causa de la mala intención de un periodista. Luego de esa obra mi hermana no ha sido llamada para otra puesta en escena hasta hoy. Yo sigo opinando de futbol de vuelta en Barcelona donde ahora estoy actuando. En Londres sigue lloviendo casi todos los días. Y Alemania le gano a Italia 2 – 0 aquel partido. 

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