Adiós Princesa: Crónica de una ruptura dramática.
De noche,
cielo oscuro, sin estrellas, silencio pausado de una historia que ya no
promete, porque las promesas se quedaron mudas. Yo aquí en el medio de la
jungla. Tu allá, lejos, en el medio del mar de quien sabe. Silencio, despacio,
nadie dice nada, ya no es necesario.
Cansancio
repetitivo de un fantasma con tu piel y tu olor, empecinado en no dejarme
dormir, en no dejarme olvidar. ¿Para qué? Si ya no estás ¿Que fue del amor? Se murió
¿Donde fue? Tal vez a Marte.
Sonrisa
vacía debajo del maquillaje, tranquilidad falsa lejos de mí, supuesta felicidad
de alquiler como tú misma ajenidad. Si pudo ser y no fue, si fui tuyo y tú de
nadie, si fuiste mía y yo renuncie, ruptura dramática y esta es la crónica.
El cielo
del amor no existe, no lo digo porque sea verdad. No existe porque no lo conozco,
el purgatorio de las penas son las mentiras de tus lagrimas mirándome a los ojos,
tan juntos, tan lejos, aun se siente, no lo admites, no lo niegas. En medio de
tus bloqueos cibernéticos, yo sigo pensando si aun piensas en mí. Un entorno
que pregunta si te extraño, mientras yo me ahogo en mi respuesta: “Amor era
todo lo que necesitaba cuando la encontré, hoy el cielo está muy lejos de aquí”.
No estamos en el cielo, pero no puedo odiarte.
No
puedo volar para llegar a ti, un último momento que no llegara, no puedo virar
el tiempo y en medio de lo que entiendo esta tu adiós, tu rencor y tu odio. Una
culpa que no es mía, hagamos como si no fuera de nadie ¿ok? Una amalgama que
cubre la herida que dejaron tus actos y que hasta hoy no se desinfecta, la curación
sigue pendiente porque yo no quiero, no quiero curarme de ti. Me he puesto en
venta y aun sin nada pienso en ti. Como si no hubiese acabado. Como si fuese
agua en el desierto, la arena de mis ganas.
Decisiones
que no afrontamos, escondites que quedaron cortos. Si yo te amaba y te fuiste,
si llore y tú reíste ¿Y seguro hay un viceversa no? Bienvenida a mi mundo
tonto, ciego y mudo. Lo vi en frente y no encontré la manera de decirlo, no te encontré,
estabas en mis sueños del presente, en mis manos que se mojan queriendo
tocarte, en la obsesión de buscarte cuando no te tengo, en las ganas de volver
a verte cuando ya no puedo. Una liberación a medias de los dos. ¿Aun piensas en
mí? ¿En dónde está tu mente? ¿Ya me olvidaste?
Debo
de entender que todas las palabras que dijiste fueron ciertas, tan ciertas como
la fecha de caducidad de nuestro amor, sentimiento esquivo, ni para ti, ni para
mi, sin esperanza de ser para los dos, teniendo un matiz aburrido si se intenta
por separado. ¿Por qué ya no me quieres mirar? La puerta sigue abierta, tus
cosas en el lugar de siempre alumbradas por la luz tenue. Sin reclamos, te ofrezco
una tregua.
He
oído que te vas tomando las cosas más enserio, que encontraste alguien ¿tu príncipe
azul? He oído que tus sueños se están volviendo realidad. Supongo que él te ha dado
cosas que yo no pude ¿Por qué tan callada? Si tú no eres tímida y lo que menos sabes
es guardarte lo que sientes. Mírame a la cara, mírame una última vez, prometo
no quitarte mucho tiempo, hagámoslo por el pasado. Ahora puedo entender que ya
te vas. Las memorias están hechas, sin rabia, escritas, sin gloria. Esos días han
terminado, junto con “nosotros”. Algunas veces el amor dura, algunas veces
lastima.
Espero
que estés segura de querer irte, porque yo aun no lo estoy, lo estaré de aquí a
poco, de todas maneras ya no hay vuelta ¿No vas a decir nada? Entonces no me
olvides, te voy a pedir lo mismo que tú me pediste la ultima vez: “recuérdame bonito”.
Será
el silencio el que contara nuestra historia, ya no tengo que decir, se me
acabaron las palabras, las rimas han quedado cortas y las lágrimas han sido
muchas. Algunas veces el amor dura, y otras, simplemente no es para siempre.
Solo
me queda desearte lo mejor. Esta vez no voy a darte consejos. Nos merecemos ser
felices. Estoy seguro que estarás bien. Tú mejor que nadie sabes cómo ha pasado
el tiempo. El mismo que fue ayer nuestro. No te preocupes, no llores, la
memoria está hecha, la tormenta pasó. No era nuestro último amor…por eso tenía
que doler.
Cuando tiene que suceder, que suceda
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